Esta ruta circular nos llevará a través de parajes como las Cuevas Perera, los miradores de la Hoz y sus densos bosques, que albergan prácticamente todas las variantes de pino del Mediterráneo. Antiguamente, este trayecto era una vía de tránsito diario para los vecinos locales y de poblaciones cercanas. Hoy en día, apenas queda un sendero de lo que antaño fueron majestuosas vías pecuarias de hasta 35 metros de ancho. Por aquí transitaba el ganado, enfrentándose a estrechamientos estratégicos diseñados para el recuento de las cabezas; una economía ganadera que sostenía a toda una comunidad de pueblos que interactuaban entre sí, desde Aragón hasta la costa de Castellón. Actualmente, los pastores han dado paso a las cabras montesas, corzos, jabalíes, tejones, comadrejas y zorros, además de un sinfín de aves y de curiosos senderistas que evitan que estos caminos terminen por perderse en el olvido.
Durante el recorrido, podréis contemplar dos de las masías arquitectónicamente más ricas y mejor acabadas de la zona: la Hoz y el Masico de la Hoz. La gran extensión de su territorio, sus corrales para el ganado y sus pozos de vino evidencian que fueron explotaciones de enorme éxito en su época. Hoy, el entorno está cobijado por bosques de pino rodeno en el tramo del barranco de Palos que desemboca en el río Mijares, rodeado de complejas praderas donde conviven distintos tipos de jaras, cornezuelos y lentiscos. Un poco antes de llegar a la masía Cortes las Viejas, podréis admirar imponentes ejemplares de Quercus, como carrascas y un quejigo de un tamaño extrañamente monumental, cuyo tronco hueco fue aprovechado como balsa de agua, una solución ingeniosa que generalmente se atribuía a los olmos.
Tras visitar el valle de la umbría, conocido como la Partida de la Mateba, emprenderéis el regreso por la ruta de Casa Iserte, donde se alza la antigua escuela rural. En ella se educaban los hijos de las gentes de la «Partida de Abajo», en una época —antes de la guerra civil— en la que la población dispersa era muy numerosa. Fueron los propios habitantes de la partida quienes la construyeron con sus propios recursos. Desgraciadamente, esta escuela ha sido saqueada por propios y extraños, al igual que muchos otros edificios del término municipal; apenas queda en pie la pizarra, pero aún es posible asomarse a su interior, siempre con precaución al tratarse de una ruina peligrosa.
Para enfilar el último tramo de retorno, cruzaréis el río de Cortes y pasaréis por la masía Pozo Estrecho. Después de rebasar el cruce de la Marquesa, que veréis a vuestra izquierda, os adentraréis en el sugerente paraje del Monte Oscuro hasta alcanzar la parte alta del barranco de Fuentes Calientes, justo donde se une al de la Garranchosa. En este punto reaparecen los cultivos de montaña tradicionales de San Vicente: nogueras, avellanos, almendros, pinos piñoneros y, ahora también, plantaciones de carrascas truferas. A esta altura, la ruta enlaza con el camino asfaltado que une San Vicente con Cortes. Ya de regreso, os adentraréis de nuevo entre las huertas desde el peirón de la Cruz Entil, una pista que os guiará rebasando nuevamente huerta y granjas hasta la piscina municipal hasta alcanzar la plaza de la ermita, punto final de este viaje por la historia viva del territorio.
Enlace de la ruta
Estadísticas de la ruta
Distancia 15,71 km
Desnivel positivo 433 m
Dificultad Moderado
Desnivel negativo 433 m
Altitud máxima 921 m
TrailRank 21
Altitud mínima 665 m
Tipo de ruta Circular


Enlace de la ruta en código Q