Nuestro compañero de aventuras mijarianas Jose Manuel,o  más bien «El Gusanero» como se le conoce en las poblaciones cercanas al Río Mijares, siempre nos a deleitado con sus conocimientos, pero además de ello, nos a cedido sus relatos con el  obgetivo de compartir sus experiencias y  conocimientos que adquirió hasta alcanzar el grado Jefe de Biodiversidad del Rio Mijares en Aragon y tambien co-participante de muchas actividades relacionadas con la sostenibilidad del territorio en esta y otras asociaciones.

La cosa empieza así:

Otro de los descubrimientos de la vida del río fueron los cangrejos, me acuerdo que cuando tenía 10 años fuimos a veranear a Cuenca, a casa de mi tío Cesar.

Junto a la ciudad pasa el río Júcar  donde había otros chicos que descalzos se metían en el agua y movían piedras, cogían algo que echaban a un cubo. Rápidamente me descalcé y me acerque a ellos preguntándoles que cogían, me enseñaron un cubo que estaba hasta la mitad de cangrejos, !!Que maravilla!!.

Foto de Salvador Gallur Marti

Foto de los abrevaderos del Molino de arriba de Cortes de Arenoso.

Estuve un rato viéndoles como actuaban, y al poco ya estaba yo cogiéndolos por mi cuenta. Levantaba las piedras con cuidado de no enturbiar el agua y allí estaban escondidos e iban reculando despacio, yo movía mis manos con cuidado de no alterar casi el flujo del agua, y luego con un movimiento rápido lo cogía, no les soltaba aunque me pillaran con sus pinzas, con la mano izquierda abría la tenaza del animal defendiéndose con todas sus fuerzas.

Cangrejo a cangrejo fui pillándoles el truco, en un rato llene dos botes que encontré en la orilla del río, con los que volví triunfante a enseñarselo a mis padres.

 Al día siguiente mi familia de Cuenca decidió que fuéramos juntos al río a hacer una paella, en la que los cangrejos eran un ingrediente destacado.la paella estaba muy rica.

Cerca de nosotros varias familias pasaban también el día disfrutando el río y el soto fluvial donde muchos extendían las mantas y toallas para sentarse en el suelo, unos nadaban en el río, otros jugaban por las orillas, y alguno pescaba con caña. Yo mientras se hacía la comida me puse cerca de un pescador  que manejaba la veleta de su aparejo en el centro de la corriente de una tabla de aguas tranquilas, una picada profunda hundió el corcho, luego el tirón en la caña y el sedal tenso empezó a zigzaguear marcando las tiradas bravas del pez, tras una pelea que duró unos 10 minutos por fin pudo sacar un barbo de más de medio kilo con largos barbillones. Lo desanzueló y con una cuerda lo amarró pasándosela por la boca y sacándola por la agalla, luego dejo en el agua el pez y ató la cuerda a una rama de la orilla. Para mi un bonito rato antes de la paella.

Por aquella época, los ríos eran el lugar preferido por muchas familias y grupos de amigos para pasar sus días de fiesta, algunos se llevaban hasta el jilguero o el canario en su jaula para que también disfrutasen  de la naturaleza, bastante gente con reteles pescaban cangrejos, otros jugaban sobre la mantas a las cartas; cuando llovía muchos buscaban caracoles, el río era una fiesta.

En otra ocasión íbamos a Albacete a visitar a unos amigos y el renault 4 latas se calentaba, así que decidimos acampar en las Lagunas de Ruidera que estaban cerca, en aquella época de 1977 estaban preciosas, tampoco había problema de acampar en cualquier parte, un mundo hoy inimaginable.

 Las lagunas estaban en una depresión, rodeadas de cortaditos calizos que formaban una pequeña muralla en torno al agua y su cerco vegetal, eran como un collar de joyas azules y verdes en la llanura manchega. Por una pista llegamos a una grande y vimos que varias personas habían puesto sus tiendas de campaña, en un bonito prado pusimos la nuestra.

Antes de que se hiciera de noche me acerque al riachuelo que entraba en la laguna, vi que se movían por el fondo muchos cangrejos. Con cuidado de no estropear mis zapatos nuevos empecé desde la orilla a cogerlos y meterlos en una bolsa de plástico que llevaba, feliz como en mi primera vez de Cuenca cogí un montón de cangrejos, para llevárselos a los amigos que íbamos a visitar, mis zapatos nuevos no quedaron muy bien parados con la emoción de las capturas había metido varias veces los zapatos en el agua.

 Algo mojado regrese a la tienda de campaña, bajo la luna llena y el canto de un ruiseñor, era tan apasionado el pajarillo que me costó conciliar el sueño.

Reserva de la Fuente la Collara de Cortes de Arenoso

Con los ahorros de dos años de mi primer trabajo, en 1973 me compré un coche, un Citroen 2 caballos, con el que pude moverme en las cercanías del pueblo, Mora de Rubielos.

  Con otros compañeros de trabajo salíamos por las tardes a pescar cangrejos con retel, una actividad muy entretenida, colocabas los reteles cerca de grietas, cuevas o vegetación de fondo donde estaban escondidos. Cuando el sol empezaba a ocultarse se veía salir a cangrejos de todos los rincones , y empezaba el rato de pesca intensa, no tenías tiempo más que para vaciarlos en un cubo y volverlos a colocar, e ibas presuroso a sacar el siguiente, así hasta una hora después del anochecer, que ya con linterna retirabas los reteles.

Cumpliendo la ley en ese momento recogíamos y volvías con varias docenas de cangrejos de más de 8 centímetros. Lo que más asombraba era que volvías al mismo lugar días después y seguías pescando cantidades parecidas, la abundancia era impresionante, si se respetaba la normativa daba la impresión de que a los cangrejos no los agotaba esta pesca.

Ya de noche nos juntábamos los amigos en el bar de El Porrón, donde mi amigo Fernando tenía una cocinilla, sartén, ajos y aceite. En poco rato estaba listo, frititos con ajos aquel festín de cangrejos de los buenos era inigualable, y mojamos el rico juguito de la fritanga.

Días felices que no volverán, pues en 1980 la afanomicosis, enfermedad que transmiten los cangrejos rojos americanos hicieron desaparecer muchísimos millones de cangrejos en los ríos de todo el país.

En la provincia de Teruel donde trabajaba en el ICONA, me iba enterando por los guardas de caza y pesca como se llenaban de cangrejos muertos los ríos, el Turia, el Jiloca, el Guadalope, el Martín y el Mijares. Una catástrofe ecológica. El cangrejo rojo había conquistado los ríos españoles.

 Mi compañero Germán de caza y pesca fue recopilando datos que le pasaban los pescadores de sitios en los que aun quedaban cangrejos autóctonos, pequeños regatos que tras correr unos metros en superficie volvían a sumergirse en el lecho; también balsas aisladas servían de refugio a la especie atrincherada en sus últimos reductos.

Cuando se creó en Aragón el departamento de Medio Ambiente me incluyeron en el equipo provincial de Teruel que formábamos Belén, la geóloga y yo. Buenos tiempos, con muchas ilusiones por la naturaleza, así que entre otros temas me encomendaron  la conservación de estos relictos de cangrejos nativos.

Por suerte en aquella época no había crisis, con los forestales y colaboradores empezamos a conocer que se podía hacer para que la especie se mantuviese, historia que relato en otro capítulo, los reductos del cangrejo autóctono.

  Dedicado a Araceli en el día de su cumpleaños, 13 de febrero de 2017.

Enlace del Cangrejo de río en la Wikipedia

Cangrejo Europeo en la Wikipedia

La enfermedad del cangrejo Afanomicosis en la Wikipedia

 

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