Una  muy necesaria retrospectiva  con la gentileza de nuestro compañero y amigo Jose Manuel Gonzalez Cano (Ingeniero Forestal)

En un país que acababa de salir de una guerra civil, con un tipo de desarrollo basado en sacar del terreno todo lo necesario para mantenerse en situación de autosuficiencia, en el mundo rural se había esquilmado los suelos hasta dejarlos en zona de substrato mineral con poca materia orgánica.

Los rebaños de cabras degradaban el terreno no permitiendo su recuperación. En muchas zonas la falta de cobertura generaba avalanchas de agua tras fuertes lluvias al no existir la esponja del suelo forestal.

En aquella época de restricciones por el aislamiento de otros países, España era deficitaria en madera y se emprendió un plan para ser autosuficientes de esta materia prima.

Las primeras repoblaciones se hicieron en hoyos abiertos con herramientas manuales, lo que permitía una distribución aleatoria y de aspecto más integrado en el paisaje. Más tarde se empezaron a hacer, según la idea de un ingeniero de montes, surcos poniendo una micro cuenca hídrica al pié de cada planta. Se han realizado estas zanjas con bueyes en su primera época, con animales de tiro es posible ceñirse bien al terreno, incluso en pendientes acusadas; y más tarde, ya con tractores tipo bulldozer se preparaba el suelo en fajas y en terrazas. Estas bandas permiten el acceso de los operarios a los trabajos de plantación y la saca de madera el final del turno de corta.

Este aspecto sobre la estética de las terrazas y las formaciones alineadas de árboles, con aspecto de ejército en formación, recordaba la imagen fascista muy contrastada a la opinión pública cansada de las estampas de la dictadura.

A las cuestiones estéticas hay que añadir las prácticas caciquiles propias de la época. En Galicia, entre el ingeniero de montes y el alcalde, consorciaban los terrenos de una parroquia (forma tradicional de organización de un sector del término municipal), en los que los lugareños tenían que quitar las vacas del monte para plantar los árboles del consorcio; cuando se cortaban las plantaciones los vecinos no recibían nada a cambio. Esto generó una reacción popular contra los forestales y su jefe, denominado popularmente “Robón de los bosques”.

En otras partes del país, la plantación de pinos fue una ayuda muy importante, eran jornales que entraban en una economía de trueque sin aporte monetario, salvo los trabajos en el monte, tanto en plantaciones como en trabajos madereros. La actividad fue como el INEM de la época en un país con escasos recursos; para muchos fue el dinerillo inicial para adquirir otros bienes o emigrar fuera de su pueblo.

Aunque se dieran diversos casos variados de caciquismo por parte de los forestales, que le decían al obrero «te entrego un lechón y para Navidades me das un cerdo”, fue una forma usual en algunas zonas deprimidas donde el forestal era el “Sr. Forestal” o tipo “capataz cortijero”.

También ha habido casos en que el monte ha sido el motor de un pueblo y principal desarrollo social, ayuntamientos honrados que con el dinero de la madera invirtieron en bienes comunes, en algún caso construyeron el local del cine, que para la vidilla del pueblo era un elemento dinamizador de la convivencia.

Volviendo a las repoblaciones, quisiera comentar el papel de los pinos sobre un suelo desnudo con escasa materia orgánica. Por un lado, la red de raíces y micelios de hongos asociados, ya genera un complejo de microtúbulos necesario para disponer de aire las raíces de las plantas.

También la hojarasca y ramillas forman una alfombra que aísla el suelo y a la vez va siendo digerida por hongos e invertebrados, que son los que favorecen la mejora del suelo y permiten, a la larga, que a la sombra del pinar vayan creciendo matorrales y árboles de hoja plana.

El sistema radical de los pinos fragmenta la roca madre, subyacente y el tipo de humus es de carácter ácido, con lo que va mejorando la basicidad de las calizas haciéndolas más neutras; este humus ácido forma un substrato en profundidad al alcance de las raíces del Quercus, de raíz pivotante y ven así propicio y abonado el terreno para su asentamiento.

Incluso una repoblación al ser una masa artificial es más sensible al ataque de plagas; la procesionaria del pino, insecto defoliador, que forma bolsas de seda en los árboles y sus orugas tienen pelos urticantes que producen fuertes irritaciones, incluso a los perros que transitan por la zona pueden causar la muerte por obstrucciones en la garganta. Aunque la estampa de una repoblación defoliada es deprimente, el efecto sobre el medio es favorable; pues todos los excrementos de las orugas cargados de microorganismos descomponedores, digieren con mayor rapidez las acículas que cubren el suelo, de esta forma el árbol recupera por sus raíces nutrientes que le dan vigor. El pinar no sufre, pues la oruga invernal se come las hojas, pero no las yemas que brotan en primavera.

Otras especies repobladas como el eucalipto, pueden considerarse cultivos madereros, aunque tienen algo de matorral en el sotobosque y sirven de atalaya para la nidificación a numerosas aves; así pues, puede decirse que no es peor para la naturaleza que otros cultivos, el mayor riesgo de los eucaliptos es de ser muy pirófitos y sus extensiones continúas un riesgo para los habitantes de la zona.

Los ensayos con maderas nobles que se han hecho en España, no han tenido un éxito claro, pues necesitan muy buenas condiciones de suelo y clima.

El efecto más potente de las repoblaciones con pino, ha sido el de ser “bosques padre” tanto de las plantas que crecen arropadas por ellos, como por dispersar semillas que han generado bosques que se pueden valorar de espontáneos e integrados en el medio.

Es asombroso el cambio del paisaje de casi todo el país desde la visión de fotografía aérea de 1957 a la actualidad, incrementándose en más de dos veces la extensión forestal.

José Manuel González Cano

 

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